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CONICET
Argentina | Buenos Aires | 14-03-2019

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BIOTECNOLOGÍA APLICADA AL CUIDADO AMBIENTAL EN LA REGIÓN
Buscan limpiar arroyos con microorganismos antárticos   
Investigadores platenses se basan en levaduras que resisten bajas temperaturas para eliminar colorantes vertidos por la industria textil
El Día de La Plata ( Argentina )
Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET desarrolla un tratamiento para descontaminar los efluentes industriales que las empresas textiles vierten en ríos y arroyos de la región, y que contienen una gran presencia de colorantes. Para ello recurren a la ayuda de pequeños microorganismos antárticos que podrían tener distintas aplicaciones biotecnológicas. Se trata de una colección de levaduras que fueron aisladas durante una expedición al continente blanco realizada en el año 2016.

La iniciativa, impulsada por el Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI), busca hallar microorganismos capaces de degradar a los colorantes utilizados para el teñido de telas que, una vez completado el proceso industrial, son vertidos en los cursos hídricos. El objetivo de los científicos platenses es desarrollar una tecnología de remoción biológica de esos colorantes que pueda ser idealmente transferido al sector productivo.

“En una primera instancia se trabajó con una colección de levaduras antárticas que podrían ser utilizadas para el tratamiento del agua, degradando este tipo de químicos generados por las industrias textiles”, explica Sebastián Cavalitto, el director del proyecto de investigación.

“Después de una larga búsqueda se eligió una de las levaduras y se realizaron pruebas con varios colorantes de distinta naturaleza química, como modelos de los efluentes industriales”, detalló el investigador.

Uno de los principales desafíos que enfrenta el equipo del CINDEFI en este proyecto consiste en que “durante el tratamiento biológico debe desaparecer el color, pero también se tiene que verificar que los productos de degradación de los colorantes no sean tóxicos, ya que podría ocurrir que se produjeran sustancias iguales o más contaminantes que el propio colorante”, comenta Ivana Cavello, otras de las integrantes del equipo de investigación.

El trabajo que vienen desarrollando en el CINDEFI se encuentra en este momento en la fase de estudio en escala de biorreactor, es decir en el análisis del proceso microbiológico dentro de un recipiente que permite controlar las condiciones del proceso. El paso siguiente es avanzar hacia medios de cultivo más económicos, de manera tal que las empresas lo puedan utilizar sin que les genere grandes costos.

Se trata de un aspecto de suma importancia para la región, si se tiene en cuenta que la industria textil posee una notable incidencia en el sector productivo del área metropolitana.

Los colorantes, aun no siendo tóxicos, dañan el ecosistema por impedir el paso de la luz solar



“Son muchas las pequeñas empresas dedicadas al teñido de telas que lo hacen por medio de un proceso que es poco eficiente y en los que un porcentaje alto de los productos químicos utilizados se pierde durante el lavado. Estos son vertidos en cursos de agua como parte de los efluentes líquidos, generando un serio problema ambiental”, comentan.

Respecto a los daños al medioambiente, explican que “si bien no todos los colorantes son tóxicos para los seres vivos que habitan en los cursos de agua en los que se vierten, la presencia del color impide el ingreso de luz, por lo que se ve alterado el crecimiento de las algas y, por consiguiente, todo el ecosistema acuático.

Su linea de investigación resulta especialmente valiosa si se tiene en cuenta que “los colorantes son, químicamente hablando, moléculas orgánicas muy resistentes que no se degradan en los procesos normales de tratamiento biológico de efluentes”, explica Florencia Ruscasso, otras de las integrante del equipo.

La expedición a la Antártida se realizó con la colaboración de la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Química de la Universidad de La Republica de Montevideo (ROU), y fue financiada por el Instituto Antártico Uruguayo en el año 2016.