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Argentina | 25-03-2020

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Orugas que biodegradan plásticos   
La Nación ( Argentina )
Los “Eurythenes plasticus” son minicrustáceos que habitan los océanos
Hace ya un año, la revista Royal Society Open Science difundió el hallazgo de microplásticos en el interior de 65 especies de minicrustáceos que habitan a 11 kilómetros de profundidad en el océano. Lamentablemente, la tendencia, lejos de revertirse, se agudiza cada día.

“Eurythenes plasticus” fue el nombre con el cual se bautizó sarcásticamente a una nueva especie marina capturada recientemente en uno de los lugares más profundos del Océano Pacífico, a 7 kilómetros bajo el mar, que presentaba plástico en su organismo.

Parecido a un camarón, de 5 centímetros de largo, la investigación del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) reveló que este anfípodo estaba contaminado con partículas de plástico tipo PET como el que se usa para las botellas de agua. Cada minuto –afirman– es arrojado a los océanos el equivalente a un camión lleno de residuos plásticos. Y, lamentablemente, el plástico no queda solo allí, sino que se disemina contaminándolo todo.

Ingresando a “Tu dieta plástica” (https://yourplasticdiet.org/es/ ) se puede calcular nuestra ingesta semanal de plástico y sumar la firma pidiendo a los gobiernos del mundo que frenen este otro “desastre global” mediante un acuerdo. Para 2050, como ya comentáramos desde estas columnas, si la humanidad no reacciona, habrá más plásticos que peces en los océanos. El polietileno y el polipropileno representan el 92% de la producción total de plásticos. Se trata de una producción que ha crecido exponencialmente en los últimos 50 años.

En 2017, científicos españoles descubrieron, casualmente, que unas larvas de la especie Galleria mellonella, parásitos en las colmenas, tenían la habilidad de biodegradar plástico y convertirlo en un solvente anticongelante. Una apicultora del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria removía estas orugas y las colocaba en bolsas de polietileno cuando, para su sorpresa, notó que, luego de unos minutos, se escapaban a través de los agujeros que ellas mismas hacían.

Carolina Monmany, una ecóloga tucumana que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Tucumán, presentó en septiembre un trabajo que se viene realizando desde hace más de dos años acerca de orugas capaces de digerir plástico y convertirlo en alimento. El hallazgo involucró a dos especies de polillas cuyas larvas se comían las silobolsas que cubren las colmenas de abejas cuando hace frío. En estudios de laboratorio, comprobaron que pueden consumir también bolsas de supermercado, paquetes de fideos y telgopor, gracias a una bacteria en su tracto digestivo que les permite convertir el plástico en alimento sin dañar su salud.

Seguramente, muchos ensayos se estén llevando a cabo en el mundo con el objetivo de reducir una alarmante contaminación y biodegradar plásticos. La particular resistencia del material plantea enormes dificultades para su eliminación, que se suman a su tan extendido uso, una combinación peligrosamente letal que urge controlar y desactivar a tiempo.

Deben ser bienvenidos todos los esfuerzos dirigidos a encontrar una solución biotecnológica a escala industrial para la gestión de estos desechos, que funcione como paliativo ante una producción creciente y descontrolada que daña y compromete seriamente al planeta. Cabe recordar una vez más que no hay planeta B.