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Tecnología e Innovación
Argentina | 11-06-2021

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Adriana Serquis: “Debemos recuperar el filo tecnológico”   
La nueva presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica habló con TSS sobre lo que pretende para esta nueva gestión de la institución, los proyectos en curso y las centrales nucleares con China, la minería de uranio y las críticas que recibió siendo candidata.
Agencia TSS - UNSAM ( Argentina )
Adriana Serquis: “Debemos recuperar el filo tecnológico” El viernes pasado se publicó el Decreto 360/21, con el que se nombró como presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) a la investigadora del CONICET y hasta entonces jefa del departamento de Caracterización de Materiales del Centro Atómico Bariloche (CAB), Adriana Serquis. Ganadora de un premio Konex en el área de la Nanotecnología y del premio L´Oreal-UNESCO por su aporte al uso racional de la energía, Serquis es doctora en Física (Instituto Balseiro) y realizó estudios de posgrado en Estados Unidos a partir del año 2000, donde en apenas cuatro años logró que sus desarrollos vinculados con materiales superconductores obtuvieran dos patentes. El presidente saliente de la CNEA, Osvaldo Calzetta Larrieu, nombrado en 2016, siguió en su cargo hasta el pasado viernes 4 de junio.

El nombre de Serquis para dirigir a la CNEA se impuso sobre otros que recibieron cuestionamientos por parte de la comunidad nuclear, como el de Mauricio Bisauta, expresidente de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) durante su reducción en el gobierno de Mauricio Macri; y el de Sergio Solmesky, exsecretario general por la Argentina en la Agencia Binacional Brasileño Argentina de Contabilidad y Control de Material Nuclear, resistido en la institución por actitudes misóginas.

La CNEA recobró presupuesto y jerarquía durante el período 2003 a 2015, pero con el gobierno de Macri comenzaron a demorarse y a cancelarse los proyectos en curso, además de sufrir la pérdida de personal altamente calificado. La asunción de Alberto Fernández era vista como una señal de cambio por el sector nuclear, aunque el Gobierno mantuvo a la misma gestión durante casi un año y medio y relegó la posición de la institución en el organigrama del Estado.

En un comunicado interno que distribuyó la flamante presidenta, el foco está puesto en recuperar el capital humano de la institución y en objetivos como la soberanía tecnológica. Serquis habló con TSS sobre lo que pretende en esta nueva gestión de la CNEA, los proyectos en curso, la minería de uranio y las críticas que ha recibido siendo candidata.

¿Cuáles son los proyectos que buscará impulsar desde su gestión?

En primera instancia queremos avanzar en los proyectos que ya están en marcha, que son importantes y tenemos que terminarlos de manera eficiente. Y poder revisar otras áreas en las que es necesario que la institución empiece a hacer desarrollos que impacten, tanto en el área de energía, como salud y ambiente. Debemos recuperar el filo tecnológico, como dijo alguna amiga mía que estuvo siempre en la CNEA, que es algo que se fue perdiendo con el paso del tiempo.

En cuanto al acuerdo con China: ¿Cuál es su opinión sobre si la Argentina debería tener una nueva central CANDU? ¿A la CNEA le sirve tener una central Hua Long?

En principio, creo que la CNEA no va a tomar la decisión sobre si tendremos una central CANDU o no, es algo que se decide más arriba,y conforme a otros intereses tanto geopolíticos como por cuestiones técnicas, en las que la CNEA debería estar ayudando y apoyando. Hay una decisión personal que tiene que ver con defender los nódulos tecnológicos y ambas centrales pueden colaborar con seguir contribuyendo a tener una soberanía tecnológica. Los conocimientos no se pierden, pero que haya una central CANDU reforzaría los 70 años de tradición y conocimiento tecnológico. En la gestión por la central Hua Long debería hacerse el mejor acuerdo posible para poder desarrollar el combustible en la Argentina, para poder ser capaces de continuar con esto y la CNEA debería ser capaz de poder dar su opinión y aprovechar no solo los combustibles, sino un montón de otras cuestiones más y aprendizajes que se deberían poder hacer. Así fue como se hizo con la primera central Atucha, en la que los acuerdos relacionados con la tecnología nuclear se han visto favorecidos por un incremento del conocimiento y la soberanía tecnológica.

¿No sería más conveniente concentrar los esfuerzos en terminar el CAREM y tratar de comercializarlo?

El CAREM es el proyecto insignia de la CNEA y debemos hacer una revisión de lo que se hizo hasta ahora. Necesitamos no solo saber si este prototipo va a llegar a funcionar, sino que deberíamos terminarlo en tiempo y forma, y debería ser uno de los objetivos de los próximos años, así como el RA10, que es el otro objetivo. Cada uno de esos megaproyectos tienen un montón de desafíos, pero uno de los principales es poder finalizarlos, poder demostrar el concepto de estos proyectos. Tenemos que poder devolverle a la sociedad toda la inversión que se hace. Una cosa no quita la otra: apostar a una tecnología, la que sea, para la generación nucleoeléctrica, no quita que haya inversiones en estos proyectos puntuales, como lo son el CAREM y el RA10.

¿Cómo fueron los cuatro años del macrismo en la CNEA y qué balance hace de la gestión de Calzetta?

Fueron años muy duros en todo el sistema tecnológico argentino, porque pasamos de tener un Estado presente, trabajando en todos los niveles, el educativo y el de equipamiento, ayudando a que la sociedad comprenda el rol de la ciencia y la técnica en el desarrollo, a una ausencia de eso y la evaluación de cualquier cosa que se hiciera en función del beneficio económico inmediato, como si se manejara un almacén. Este tipo de proyectos grandes, que tienen que ver con el desarrollo económico y, sobre todo, con el desarrollo nuclear, no se pueden manejar de esa manera. El desarrollo del CAREM no se puede pensar en si voy a ganar más o menos, o una licitación en la que da lo mismo hacer una contratación afuera o si busco una contratación interna que nos permite generar la demanda. No se puede medir solamente por el número, por una planilla de cálculo. En ese sentido, hemos sufrido la presencia de personas que nos querían mostrar que todo se podía medir en términos de productividad en una planilla, tanto la investigación básica como el desarrollo tecnológico. Nos han expuesto a esa situación y, lamentablemente, muchos y muchas creemos que ha sido bastante nefasto para el sistema. Creo que Calzetta simplemente lo permitió. Más allá de que haya intentado enfrentar algunas cosas y haya logrado los pases a planta de un montón de trabajadoras y trabajadores que estaban contratados en el Estado, y de que haya tratado de favorecer a ciertos sectores, en la práctica permitió muchas cosas que venían con esa lógica de que todo se podía medir de esta manera.

La Argentina tiene reservas de uranio. ¿En este contexto de restricción externa de divisas se debería avanzar con la minería de uranio? ¿Existe licencia social para hacerlo?

Justamente, la última pregunta, la del licenciamiento social, es el centro de la cuestión. Para eso hay que abrirse a los cuestionamientos y poder contestarlos sin la soberbia de decir que nosotros tenemos la verdad y poder explicar cuáles son las condiciones seguras para poder hacerlo. Abrirse a ese debate necesario en todo nivel. Hay que comprender cómo se va formando en el pueblo la idea de cómo se hacen ciertas actividades que pueden ser tabú en algunos ambientes y poder hacerlas de manera segura.

¿Es realmente necesaria la minería de uranio o se consigue como commodity?

Es fundamental, no podemos dejar de lado toda la parte de minería. Si alguien quiere volver a una etapa en la cual la energía se pueda conseguir con leña y volver a la Edad de Piedra, adelante, pero si queremos un país desarrollado y con mejor vida para todas y todos hay que continuar con ciertas actividades con los controles necesarios. Eso es lo que hay que poner en discusión: qué controles, quién los hace, cómo se hace de manera segura la actividad para evitar que el daño sea pagado por generaciones futuras. Ese balance entre ambas cosas, el no pasar un pasivo ambiental, tiene que hacerse entre todos los actores.

A usted se le critica la falta de experiencia en gestión, un aspecto que parece muy necesario para dirigir una institución como la CNEA. ¿Qué piensa de eso?

Esa crítica es medio extraña porque la gestión de esta institución hace 20 años que está a cargo de las mismas personas, por lo que la única manera de tener a alguien con experiencia en gestión, en la misma institución y en un alto nivel, es elegir a una de estas personas. Eso significa que esa crítica tiene más que ver con querer que permanezca todo tal cual como está. Pero la idea de un proyecto conformado por un montón de gente es hacer cambios y, justamente, cambiar a esas personas. En cuanto a mi experiencia en gestión, diría que por ahora tengo un nivel 3, soy jefa de departamento, pero he participado en un sinfín de otras actividades de gestión en el Consejo de Administración de la Fundación Balseiro, como coordinadora de proyectos de la Agencia (I+D+i), como presidenta de la Asociación Argentina de Cristalografía, y también tengo participación en un montón de comisiones del CONICET y en evaluación de un montón de proyectos y personal. Desde mayo del 2020 soy directora alterna de una unidad ejecutora de más de 200 investigadores y becarias y becarios, además de estar también como coordinadora del Sistema Nacional de Rayos X. La gente que me conoce sabe que a mí nunca me interesó trabajar por una candidatura personal. Me gusta sumar al conjunto de organizaciones que nuclean al Frente de Todos dentro del CAB. Venía con un trabajo más bien de apoyo al Gobierno nacional y de querer contribuir con mis conocimientos y tratar de lograr una mejor transferencia tecnológica de cualquiera de las personas que estuvieran dentro de la CNEA. En principio no pensé en una candidatura, no tenía el interés, pero si desde el Gobierno se veía como una salida a la crisis de egos personales, yo iba a aceptar como la expresión de un equipo que quiere sumarse a un trabajo que tiene que ver con la reorganización de esta institución.

En los últimos años, los empleados de la CNEA han perdido mucho poder adquisitivo en sus salarios y eso hizo que se fueran muchos empleados. ¿Cómo se puede solucionar este problema?

Esa es la prioridad cero: un salario digno y un poco más competitivo para la gente que está en sectores tecnológicos, incluso comparado con otras instituciones del Estado, que nos permita retener a la gente que se fue formando y que es vital para muchos de los proyectos que están en curso actualmente.

Cuando trabajó en la investigación sobre la muerte de Rafael Nahuel recibió críticas desde diversos ámbitos. ¿Fue respaldada por la CNEA en ese momento?

Creo que hubo bastante buena voluntad desde la institución pero, en general, no se ha tomado la misma iniciativa que una institución que decide protege a sus trabajadoras y trabajadores. Inmediatamente después de la crítica mediática, desde el CONICET y el área de Legales del CONICET recibí un llamado de apoyo. Pero también me tocó salir a buscar el apoyo por mi lado. Y no solo yo, sino también otras personas tomaron ese rol de querer buscar un apoyo porque hay un trabajo académico y científico atrás, y está en juego el aval de la institución. No fue un ataque personal, sino que fue a la credibilidad académica de la institución. Decir que no recibí apoyo sería injusto, decir que quizás no lo recibí en el tiempo que correspondía sería más correcto. Sí hubo una movida desde los gremios para la defensa del trabajo institucional.

Ese tipo de críticas también buscan sembrar desconfianza sobre el trabajo científico, ¿no?

Claro, por suerte la institución en eso sí se ha puesto la camiseta, en el sentido de decir que un trabajo científico no puede estar influido por cuestiones personales. Cuando la crítica tiene que ver con tu ideología política quiere decir que las personas que la hacen creen que es posible alterar un resultado científico según la ideología política, y eso no debería ser así.